martes 30 de agosto de 2011

agosto: prefiero silencio

granada-dílar-granada-almuñécar-granada-almuñécar-granada-málaga-granada-málaga-granada. podría ser una forma de resumir agosto. un agosto raro y lleno de incoherencias, deliciosas sorpresas y grandes dosis de 'gnosti te autvn'. no quiero conocerme tanto, no querría haber llegado nunca a esos lugares donde se encuentran las heridas de las cosas imposibles. 30 días de descanso que podrían aparecer entre los parámetros socialmente aceptados, pero no. es difícil asumir la decepción cuando quieres planear un verano común y no es posible. cada día -con sus 24 horas, que pasan lentas aunque ahora apenas quede un suspiro- parece una eternidad que desgarra aquellas heridas, las del alma, las heridas de las cosas imposibles. pero las cosas imposibles no solo están en el alma. los días pasaron y, cada vez más, me daba todo igual. y allí me vi, cantando con un santa teresa en la mano a 'so pra contrariar'. y la moto volvió a correr y el tubo de escape a quemar. y mientras odiaba la lengua de shakespeare por hundirme el verano, encontré un flotador. y me fui al río. el agua estaba fría, pero sirvió para ver las cosas de otra forma y comenzar otro verano. el de lo imposible, el de la piscina, el de las estrellas fugaces, el de los trenes perdidos, el del ventilador en los pies y volver a escribir. qué de polladas escribo a veces. ¿desde cuándo no toca? tocó explotar, mirar su parte negativa y callar. la moto seguía allí. a mi servicio. tocó beber y calentar unas piernas en una mañana de luna llena en la que me encontré confiado. bajé la guardia, me pinché y hablé de más con quien no debía. el mojito brotó. y se quedó en un mirador donde el eco gritaba, diluyéndose en un mar donde se miraban los fuegos artificiales, como las velas en una tarta de cumpleaños. soplé las velas delante de todos. repartí piruletas. allí comenzó a desvanecerse todo. lo pude ver en fotos. y a pesar de un renovado ardor, el teléfono sonó. si alguien ha aguantado hasta aquí, que me lo diga. merece un premio. sudando, volví a acariciar su pelo. parece que marcha. pero los concursantes no escogieron mi puerta y me quedé otra vez en el almacén de atrezo mientras volvía a cantar aquello de 'y es que me he vuelto a fiar...'. prefirieron el viaje a málaga con todos los gastos pagados sin gastar los comodines de la llamada, la consulta y el cincuenta por ciento. si me alejas, luego no puedes silbar esperando que vuelva. no soy un perro. aunque no logre calmar mi respiración. y echo en falta llamadas que se convierten en deudas cuando se prometen, cuando se anuncian, cuando se esperan. silencio. sirenas. el motor de la moto. ¡la moto! pasé frío en la moto de camino a la cama. luego dormí, nadé, escuché las voces de la superficie mientras buscaba la llave que debía despertarme. lo hice deslizándome por un tobogán que me llevaba hasta un jardín de buganvillas. desperté buscando mil formas de arrastrar toda mi carga. sudando. huyendo. aquí he borrado la última frase. aún era agosto. aún es agosto. todavía queda día y medio. todavía no puedo contar mi mes de agosto.

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